“¿Véis como sí?”. Esto les decía Bordalás a su jugadores, absolutamente feliz, esperándolos a la entrada del vestuario. El Getafe, su Getafe, había consumado la tragedia en el Santiago Bernabeu. El técnico fue testigo, como millones de ojos, de cómo la parroquia blanca desfilaba rumbo a la salida desde el minuto 80. El Real Madrid perdía 0-1 y casi nadie confiaba en el empate. Y menos, en ganar. A pulso se lo ha ganado esta plantilla, confeccionada por obra y gracia del presidente Florentino Pérez y su director general.
Un fiasco con mayúsculas que le ha costado el puesto a Carlo Ancelotti, Xabi Alonso y, si nadie lo remedia, a Alvaro Arbeloa antes de lo que el propio entrenador espera. Cuestionado desde el primer día, no ha sabido llegar a los suyos en el vestuario ni tampoco a los de fuera, por muy antibarcelonista que se muestre. Un recién llegado curtido en los pasillos que demostró ante el Getafe que le viene muy grande el Real Madrid y que los partidos no se ganan dándose golpes en el pecho entonando el himno.
“¿Veis como sí?”, alardeaba Bordalás tras el prodigio. Porque lo fue. Mi admirado Luis Berlanga, director de Los jueves, milagro, localizaba el portento en ese día de la semana pero el del Getafe fue en lunes y el del Barça casi lo fue en martes. En la capital ya no saben que medicación tomar para superar semejante depresión futbolística. Y en el palco Florentino Pérez, teléfono móvil en mano y encogido como nunca le he visto, agudizaba el mal humor y contraía el rictus.
Sus ‘balones de oro’ Mastantuono y Huijsen, encendían al público en negativo. Mbappé ni está ni se espera. Lesionado, se recupera en París, algo que ha molestado mucho entre la afición y que han tragado en el Real Madrid como buenamente han podido. Que el francés quiere estar en el Mundial como sea no es un rumor, es una realidad. Y que ver lo que está pasando en el club que le paga no ayuda para un sobreesfuerzo, también. Al que nadie le negará que va con todo es a Rudiger, al que la incompetencia del VAR y del árbitro le perdonarón una expulsión en la primera hora del encuentro que han denunciado incluso madridistas acérrimos. Si se hubiera ejecutado, el resultado hubiera sido aún más escándaloso. El nivel es tan bajo que ni siquiera confían en esa Champions League con la que se llenan tanto la boca y que hace más de un año que no huelen ni de cerca.
Y sí, casi vimos como el Barça llegaba a la final de la Copa. Lo creyeron y fueron a por ello. Generaron un fútbol tan extraordinario con jugadores como Cubarsí, Bernal, Pedri o Lamine Yamal que a punto estuvieron de conseguirlo. Hansi Flick le dio un repaso impresionante a Simeone y el público del Camp Nou se fue a casa más orgulloso que nunca de los que sí se dejan la piel en el campo. De los que sí representan con mayúsculas un escudo. De los que sí se conjuran con el balón por bandera. ¿Véis como sí? Tranquilos. Lo mejor está por llegar.