Febrero negro y las 5 razones para decirle no al FMI
El gobierno de Paz busca con urgencia la aprobación legislativa de un crédito con el FMI. El proyecto de ley, resumido en apenas cuatro páginas y media, no revela el verdadero costo financiero para el Estado ni las implicancias económicas y sociales que conlleva. forumteam.blog
Algunos parlamentarios sostienen que se trata de recursos baratos, de libre disponibilidad y sin condicionalidades macroeconómicas. Para establecer qué tan conveniente sería este préstamo, invito a diputados y senadores a sacar sus calculadoras y hacer números.
El primer argumento en contra es su excesivo costo financiero y la falta de transparencia. La tasa de interés base negociada es del 3,479 %, que incluye una tasa de mercado del 2,88 % y un margen del 0,6 % para el FMI. A esto se añade una sobretasa del 2 % para países cuyo crédito triplica su cuota de participación —Bolivia lo hace en 5,7 veces—, llevando la tasa efectiva al 5,5 %. Deben sumarse además cargos del 0,5 % por cada desembolso y 0,3 % sobre el saldo disponible no desembolsado. En conjunto, el costo financiero se acerca al 6,28 % y representa unos USD 2.500 millones, un 32 % más del crédito anunciado, de los cuales más de USD 600 millones son intereses.
El crédito del FMI sería el segundo más caro entre los organismos multilaterales, solo detrás de Fonplata (6,9 %), y el tercero más oneroso de toda la deuda externa, encabezada por los bonos soberanos emitidos por el gobierno de Paz a un promedio del 9,5 %. Además, el artículo 322 de la Constitución exige negociar créditos en las condiciones más ventajosas para el país y establece que ninguna obligación financiera puede contraerse sin autorización expresa de la Asamblea. Que el proyecto no explicite la información financiera completa del crédito contradice este principio. Bolivia necesita recursos, pero también transparencia en el manejo de su deuda.
La segunda objeción es que los recursos no son de libre disponibilidad, como se ha hecho creer. Las autoridades han asegurado que no serán destinados a comprar combustibles ni a estabilizar el tipo de cambio. Si ese es el caso, resulta imprescindible saber para qué se necesita realmente el crédito, porque si el gobierno no puede utilizarlo para atender lo que más preocupa a la población, su justificación se vuelve difusa.
La tercera razón, y quizás la más relevante, es que el FMI nunca presta sin condicionalidades, aunque el gobierno insista en lo contrario. En Desafiando a la globalización, Jim Shultz relata cómo en 2003 el FMI presionó al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada para alcanzar una meta de reducción fiscal del 5,5 % del PIB, pese a las advertencias sobre su inviabilidad y el riesgo de convulsión social. El intento de establecer un impuesto al salario provocó la crisis de “Febrero Negro”, con 34 muertos y más de un centenar de heridos. A 23 años de aquel episodio, Bolivia parece dispuesta a convertirse nuevamente en laboratorio de las políticas fondo-monetaristas.
La cuarta razón es que el endeudamiento con el FMI genera un círculo vicioso del que es difícil salir. Entre 1986 y 2001, Bolivia recibió unos USD 350 millones del Fondo que nunca logró pagar en su totalidad. Posteriormente gestionó la condonación de su deuda mediante el programa HIPC, cuyos requisitos incluían haber suscrito programas de reformas estructurales patrocinados por el FMI. Algunos economistas neoliberales se atribuyen la gestión de ese alivio sin mencionar que fueron sus gobiernos quienes primero sobreendeudaron al país. ¡Qué ironía!
Finalmente, las recetas del FMI no funcionaron en el pasado y no hay razón para pensar que lo harán ahora. En 1998, Bolivia firmó un acuerdo que proyectaba elevar el crecimiento del 4,5 % al 6 % en 2001, aumentar las reservas y controlar el déficit de cuenta corriente. Según el libro, Bolivia cumplió las exigencias, pero los resultados fueron adversos. Si esas políticas fracasaron entonces, ¿qué evidencia existe de que esta vez será diferente? ¿Vale la pena asumir nuevamente el costo financiero, económico y social de un acuerdo de esta naturaleza?
Los asambleístas tienen hoy la responsabilidad de aprender de esa historia. Endeudarse con el Fondo no es una decisión inevitable ni un destino al que Bolivia esté condenada: es una decisión política cuyas consecuencias, tarde o temprano, la población les demandará.
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El ansiado premio para Gadeia, un profesional ejemplar a sus 38 años
Los dos mejores equipos de los últimos tres lustros en el fútbol sala son el Barça de Marc Carmona a comienzos de la pasada década y el Movistar Inter que le tomó el relevo con un Jesús Velasco que después dirigiría al cuadro blaugrana y conquistaría la cuarta y última Champions de la sección.
El emblemático experiodista José María García arriesgó con el fichaje del luso Ricardinho y Velasco le permitió desplegar su arsenal técnico sin salirse del entramado táctico de un técnico que es experto en dar rienda suelta al talento de sus jugadores.
Junto al que fuese elegido durante varios años 'Mejor jugador del mundo', Inter creó un equipazo en el que destacaban el meta Jesús Herrero (sigue en activo a sus 39 años), el duro brasileño Rafael Rato, un Carlos Ortiz que acabaría retirándose en el Barça o el 'pulmón' gallego Pola.
En la temporada 2012-13 aún mandaba el Barça de Carmona cuando Inter fichó a Fabrício Bastezini Spinello, más conocido como Gadeia, quien había clasificado para la final de la Liga Brasileña al modesto Copragil en compañía de uno de los cinco mejores jugadores de la sección del Barça, Dyego.
Con 24 años recién cumplidos, el ala-pívot no terminó de cuajar, se marchó tres temporadas al Intelli de su país (ganó la liga en la primera) y regresó a la 'máquina verde' en 2016, que superaba una y otra vez al Barça de Andreu Plaza. Allí ganó dos Champions, tres Ligas y una Copa de España.
Tras una temporada en el Kairat kazajo en la que alzó el título liguero (2020-21), Gadeia se enroló en ElPozo Murcia con Diego Giustozzi en el banquillo y el domingo logró su primer título cinco años después. A sus 38 años, corrió en el último minuto como si fuese un juvenil y celebró la Supercopa como si de una Champions se tratase.
"Las lesiones me han respetado en mi carrera y todavía puedo aportar cosas. Estoy muy contento, tratando de disfrutar lo poco que me queda, porque ya tengo en mi cabeza que son mis últimos años o, mejor dicho, mis últimos momentos como jugador", dijo a SPORT un feliz Gadeia sobre la pista de un Palau que estuvo a punto de pisar como azulgrana en el pasado.
"Como ahora juego atrás, tengo que correr menos y me he adaptado muy bien a pelearme con los pívots. Josan (González, el técnico confía mucho en mí y todos hemos sido muy felices este fin de semana. Ya nos tocaba ganar un título, porque nos habíamos quedado bastantes veces muy cerca", recalcó el brasileño.
"Al final llegó nuestro momento. Fiché por ElPozo para ganar títulos, porque es un club muy grande y con mucha historia, un club espectacular. Valoro muchísimo el esfuerzo y el sacrificio de todos", concluyó el bicampeón de la Copa América.
Josan González se deshizo en elogios hacia el brasileño. "Es implacable. Tiene todo lo que tiene que tener un deportista. Lo ha ganado todo y esas ganas y la alegría que tiene se contagian. Hemos roto una racha terrorífica te puedo decir que 'Gade' es un ejemplo para todos", señaló el entrenador de ElPozo.
Fran Serrejón, director deportivo de ElPozo y uno de los mejores jugadores españoles de la historia, se felicitó por un título "que es fruto del trabajo de todos y que tantas ganas teníamos de ofrecer a la afición. Hasta a un ganador como Gadeia le podía afectar el perder tantas finales".
Objetivo Metropolitano: Todo sobre la fase liga de la Champions League
Arbeloa ya convive con una alarma histórica
El inicio de Álvaro Arbeloa en el Fulham no ha podido ser más duro. El equipo londinense ha perdido sus tres primeros partidos de la Premier League 2026-27 y sigue sin sumar después de un arranque que ya empieza a dejar señales preocupantes. La última derrota llegó en Craven Cottage, donde el Fulham cayó por 2-3 ante el Crystal Palace en un partido especialmente doloroso por la forma en la que se escapó.
El equipo de Arbeloa llegó a ponerse dos veces por delante, pero no fue capaz de sostener la ventaja. Esa fragilidad resume bien sus primeros pasos en Inglaterra. El Fulham compite, marca y encuentra momentos dentro de los partidos, aunque cada golpe rival le castiga demasiado. Ante el Palace volvió a pagar sus errores defensivos y acabó dejando escapar una oportunidad importante para rebajar la presión.
El dato histórico agranda la preocupación. El Fulham solo había perdido sus tres primeros partidos de una temporada en la máxima categoría en dos ocasiones anteriores, en la 1951-52 y en la 2020-21, como apunta el dato de Opta. En ambos casos terminó descendiendo. Ahora, la 2026-27 se suma a esa lista y obliga a mirar el arranque con mucho más que una simple lectura de calendario complicado.
La secuencia también pesa. Primero llegó la derrota contra el Chelsea de Xabi Alonso, después el tropiezo ante el Sunderland y ahora el golpe en casa frente al Crystal Palace. Tres partidos, cero puntos y la sensación de que Arbeloa necesita encontrar respuestas rápidas para evitar que el mal inicio se convierta en una dinámica difícil de frenar.
El técnico español todavía está en una fase inicial de adaptación, pero la Premier no concede demasiado margen. El Fulham necesita crecer en solidez, cerrar mejor los partidos y transformar sus buenos tramos en puntos. La historia no sentencia nada en septiembre, aunque sí deja una advertencia clara.
Arbeloa ha aterrizado en Inglaterra con una mochila pesada desde el primer mes. El Fulham aún tiene tiempo para corregir el rumbo, pero el precedente histórico convierte cada jornada en una prueba de carácter.
