La Vuelta femenina llega por fin este viernes a la montaña después de transitar por Galicia y León con un perfil de etapa muy similar; demasiado esprint -hasta ahora, así se ha terminado todos los días- y con poco terreno para motivar ataques de verdad entre las estrellas que concurren a la ronda española: entre ellas, la catalana Paula Blasi.
La imagen, hasta ahora, ha sido siempre la de un pelotón compacto que anulaba cada día la fuga permitida que conseguía llegar hasta unos pocos kilómetros antes de la meta; en la escapada protagonista de este jueves estuvieron la burgalesa y campeona de España, Sara Martín (Movistar) y la navarra Idoia Eraso (Laboral Kutxa). Pero, siempre, sabiendo que las posibilidades de llegar a Astorga, donde finalizó la quinta etapa, eran mínimas.
Quizás, en un futuro, sería mejor buscar algún atractivo orográfico porque, a diferencia de las rondas masculinas, las femeninas sólo tienen 7 u 8 etapas y conviene aprovechar mucho más el terreno escogido. No es fácil. Juegan patrocinios y sobre todo lugares que quieran acoger la carrera y apostar por el ciclismo femenino, pero el empeño nunca viene mal en una Vuelta que respaldó una ronda para mujeres en 2023; casi desde la nada se creó una competición.
Victoria neerlandesa
Así que todas las corredoras unidas se presentaron a la meta de una etapa que, desde el inicio, como una película sin mucha tensión, se sabía que acabaría en el esprint, con claro dominio del conjunto SD Worx, que quería confirmar el liderato de Lotte Kopecky -se movió demasiado de lado a lado en la llegada masiva- y buscar el triunfo si no era con ella con alguna de las integrantes de la escuadra, gratificación que correspondió a la neerlandesa Mischa Bredewold. Resultaba extraño que, hasta ahora, ninguna representante de los Países Bajos hubiese ganado una etapa en la Vuelta cuando suelen ser generalmente las dominadoras, en número, en el ciclismo femenino.
Así las cosas, este viernes se animará la carrera, no queda otra, en la primera de las dos atapas por territorio asturiano. Hay un puerto de verdad, con salsa, donde no vale el apoyo de las compañeras ni circular a rueda como ha sucedido hasta ahora. Hay que exprimirse, tanto si se quiere ganar como si se desea una buena posición en la clasificación general porque en Les Praeres es imposible jugar al escondite; no queda otra que dar la cara.
En Les Praeres se recuerda, en el apartado masculino, como Simon Yates recuperó el liderato de la Vuelta en 2018 al ganar en solitario para no soltar la prenda hasta Madrid.
Blasi, que sigue décima de la general, y el resto de las rivales se encontrarán con un escenario complicado. Aunque sólo son 3,7 kilómetros de ascenso, la subida quita el hipo: pendiente media de 13,7%, máxima del 27% y dos sectores con el 23 y el 22%, un duro aperitivo antes de que el sábado acabe la fiesta ciclista en lo alto del Angliru.