Arthur Rinderknech, todo serio porque iba perdiendo, aplaudía con la raqueta desde el otro lado de la red el martes después de que Carlos Alcaraz conectara una de las múltiples voleas que murieron en el otro lado de la red. El número uno adquirió ese arma desde niño trabajando desde los seis años con su padre Carlos en el Club de Campo de Murcia. Posteriormente siguió con el primer grupo de competición que se montó tutelado por Carlos Santos.
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